Page 942 - Anatema - Neal Stephenson
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reformados, nuevos roscónicos y demás. Con el tiempo
recurrieron a un sistema numérico. Ya iban por los
veintipocos, así que los quintos eran antiguos.
—No creo que ahora importen las diferencias entre
quintos, cuartos y sextos —decidió al final. Se volvió para
mirarme—. Sólo quiero saber cómo olían.
—¿En serio?
—Sí. Por ejemplo, manejaste el paracaídas, ¿no?
—Sí.
—Si manejases un viejo y enorme paracaídas militar
sacado de un puesto militar en Arbre, podrías olerlo.
Quizás olería a moho, de llevar tanto tiempo guardado.
—¡Me gustaría haber tenido la presencia de ánimo para
prestar atención a ese detalle! —dije.
—No pasa nada —dijo sur Maroa. Era una teor,
acostumbrada a los contratiempos—. Estabas ocupado.
Buen trabajo, por cierto.
—Oh, gracias.
—Cuando la chica guay…
—Cord.
—Sí, activó las válvulas para igualar la presión, ¿el aire
se movió…?
—Hacia el interior de la cápsula —respondí.
—Por lo que no pudiste oler su atmósfera antes de que se
mezclara con la nuestra.
—Exacto.
—Maldita sea.
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