Page 108 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Peyton recordó las palabras de Thordarsen: «De ahora

         en adelante, ambos deben compartir el futuro por igual».

                Peyton dejó de soñar despierto. Todo eso, si llegaba el


         día,  ocurriría  después  de  varios  siglos.  Se  volvió  al

         Ingeniero II.

                —Estoy dispuesto a partir. Pero un día volveré.


                —Quédese completamente inmóvil —le ordenó.

                Peyton  miró  al  robot  con  sorpresa.  Después,

         rápidamente,  dirigió  su  mirada  al  techo.  También  allí

         estaba  la  enigmática  protuberancia  bajo  la  que  se  había


         encontrado cuando entró en la ciudad por vez primera, lo

         que le pareció haber sucedido siglos antes.

                —¡Oiga…! —gritó—. No quiero…

                Era ya demasiado tarde. Tras él estaba el telón negro,


         más negro que la propia noche. Ante él, el calvero con el

         bosque al fondo. Atardecía y el sol tocaba ya las más altas

         ramas de los árboles.


                Oyó de repente un ruido como un golpe seco tras él.

         Volvió el rostro: un león asustado miraba hacia el bosque

         con  ojos  de  incredulidad.  A  Leo,  al  parecer,  no  le  había

         gustado nada su transferencia.


                —Ahora  ya  ha  pasado  todo,  viejo  amigo  —le  dijo

         Peyton tranquilizándolo—. No podemos quejarnos de ellos

         por su interés en librarse de nosotros lo más rápidamente

         posible.  Al  fin  y  al  cabo,  entre  los  dos  les  causamos


         problemas  y  les  estropeamos  la  casa  un  poco.  Vamos,




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