Page 109 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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pongámonos en camino. No quiero pasar la noche en el
bosque.
En el otro lado del mundo, un grupo de científicos
esperaba con la mayor paciencia, sin conocer el triunfo de
Peyton en toda su extensión. En la Torre Central, Richard
Peyton II acababa de enterarse de que su hijo no había
pasado los dos últimos días con sus primos en Sudamérica,
y estaba preparando un discurso de recibimiento por su
regreso, comparable al del hijo pródigo. Muy por encima
de la Tierra, el Consejo Mundial estaba estableciendo
planes que muy pronto serían barridos por la llegada del
Tercer Renacimiento. Pero quien era la causa de todos esos
futuros problemas no sabía nada de ello, y, por el
momento, aún le importaba menos.
Lentamente, Peyton descendió los escalones de
mármol de la misteriosa puerta cuyo secreto aún no
conocía. Leo le seguía un poco rezagado, volviendo de vez
en cuando la cabeza y gruñendo suavemente.
Juntos iniciaron el camino por la carretera metálica,
entre los árboles frondosos. Peyton estaba contento de que
el sol no se hubiera puesto todavía. De noche, esa carretera
brillaría a causa de su radiactividad interna, y los árboles
retorcidos que la jalonaban no serían una visión agradable
al destacarse sobre el fondo estrellado del cielo.
En la curva de la carretera se detuvo un rato y se quedó
mirando desde lejos la pared redonda de metal con su
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