Page 114 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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temor de que, de una vez por todas, después de todas esas

         Edades transcurridas, los Invasores hubiesen regresado a

         la Tierra.


                Tampoco él pudo contenerse y alzó su mirada hacia el

         firmamento. Y estuvo observando durante varios minutos

         hasta que se decidió a buscar a su hijo.


                Al principio, Alvin, el muchacho, también se asustó.

         Las espirales de la ciudad, que se alzaban sobre las casas,

         como manchas móviles un kilómetro por debajo de ellos,

         formaban parte de la ciudad y de su mundo, pero la cosa


         que  había  en  el  cielo  era  algo  que  escapaba  a  toda  su

         experiencia  y  conocimiento.  Era  mucho  mayor  que  el

         mayor de los edificios de la ciudad y su blancura era tan

         deslumbrante que hería los ojos. Aun cuando parecía ser


         un  objeto  sólido,  los  vientos  cambiantes  modificaban  su

         silueta a los ojos de los observadores.

                Alvin  sabía  que  antaño  los  cielos  de  la  Tierra


         estuvieron llenos de sombras y formas extrañas. Desde más

         allá del espacio llegaban las grandes naves portadoras de

         tesoros  desconocidos  para  descargarlos  en  el  puerto  de

         Diaspar.  Pero  eso  había  ocurrido  medio  billón  de  años


         antes.  Antes  del  comenzar  de  la  historia,  el  puerto  de

         Diaspar  había  quedado  enterrado  bajo  las  arenas

         movedizas.

                Convar  se  dirigió  a  su  hijo  con  un  tono  triste  y


         conmovido, en la voz.




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