Page 119 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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reunido todos sus tesoros, todo lo que había podido
salvarse de la ruina del pasado. Todas y cada una de las
ciudades antaño existentes, le dieron algo a Diaspar.
Incluso antes de que llegaran los Invasores, el nombre de
Diaspar había sido ya conocido en todos los mundos que el
hombre había perdido.
En la construcción de Diaspar se concentraron toda la
habilidad, toda la capacidad y todo el talento artístico de
las Eras del Alborear. Cuando esos maravillosos días se
encaminaban a su fin, los hombres geniales remoldearon la
ciudad y la dotaron de las máquinas que habrían de
convertirla en inmortal. Aun cuando todo llegara a ser
olvidado, Diaspar seguiría viviendo y conduciría a la
salvación a los descendientes del hombre por la corriente
interminable del tiempo.
Los habitantes de Diaspar se sentían, quizá, tan
contentos y satisfechos como cualquiera de las razas que
conoció el mundo. Y, a su manera, eran felices. Pasaban sus
largas vidas entre una belleza jamás superada, pues el
trabajo de millones de siglos fue dedicado a la gloria de
Diaspar.
Ése era el mundo de Alvin, un mundo que hacía ya
muchas Eras históricas se precipitaba, graciosamente, en la
decadencia. Esto era algo de lo que Alvin no tenía una
completa noción, pues el presente estaba tan pleno de
maravillas, que resultaba sumamente fácil olvidar el
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