Page 149 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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máquinas dejaron de funcionar y, con toda seguridad, hoy

         deben  estar  plenamente  enterradas,  tragadas  por  el

         desierto.


                Alvin se negó a admitir ese desolador balance.

                —¡Pero, en ese caso, Alaine ya lo sabría! —protestó.

                Rorden se encogió de hombros.


                —No  podemos  hacer  otra  cosa  sino  lanzarnos  al

         terreno  de  la  elucubración  —dijo—,  y,  de  momento,  el

         asociador no cuenta con más información. Le llevará varias

         horas tratar de conseguir algo más, pero puesto que se trata


         de un tema tan restringido y concreto, estoy convencido de

         que dispondremos de un resumen y un análisis de todos

         los datos acumulados antes del término del día. Creo que,

         después de todo, debemos seguir tu consejo.


                Los telones de cierre de la ciudad estaban ya bajados y

         el  sol  brillaba  intensamente,  aunque  sus  rayos  hubieran

         parecido  muy  débiles  a  los  hombres  de  las  Edades  del


         Alborear. Alvin había hecho ese camino cientos de veces

         antes,  pero,  no  obstante,  tenía  la  impresión  de  que  se

         trataba de una aventura nueva.

                Cuando llegaron al final del camino móvil, examinaron


         la  superficie  que  los  había  transportado  a  través  de  la

         ciudad.  Por  primera  vez  en  su  vida,  Alvin  comenzó  a

         comprender algo de esa maravilla. Allí, el camino estaba

         inmóvil y, sin embargo, a menos de cien metros, se movía


         con  una  velocidad  mayor  de  la  que  un  hombre  a  toda




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