Page 152 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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próximos unos de otros que impedían ver las torres de la
ciudad. Durante unos momentos, Alvin pudo pensar que
se hallaba en ese mundo antiguo, remoto y desvanecido,
con el que tan frecuentemente había soñado.
La tumba de Yarlan Zey era la única construcción en el
Parque. Una avenida de árboles eternos conducía a la baja
colina sobre la que se alzaba la tumba con sus grandes
columnas de color rosa intenso resplandecientes bajo los
rayos del sol. El techo se abría al cielo y la única cámara que
la formaba estaba pavimentada con grandes losas de lo que
parecía ser piedra natural. Pero durante muchas eras
geológicas, millones y millones de pies humanos habían
pasado y vuelto a pasar sobre ellas sin haber dejado la
menor huella de desgaste o de roce en aquel material
inconcebiblemente duro. Lentamente, Alvin y Rorden
entraron en la cámara y caminaron hasta encontrarse frente
a la estatua de Yarlan Zey.
El creador del gran Parque estaba sentado con los ojos
bajos como si estuviera examinando unos planos que tenía
extendidos sobre sus rodillas. Su rostro ofrecía una curiosa
expresión esquiva que durante muchas generaciones venía
intrigando al mundo. Para muchos esa expresión no era
otra cosa que un detalle del genio del artista que hizo la
estatua, pero otros creyeron ver en esa expresión, una
sonrisa levemente burlona con la que Yarlan Zey festejaba
una broma secreta que sólo él conocía. Alvin comprendió
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