Page 153 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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en esos momentos que, realmente, estaban en lo cierto los

         defensores de la segunda opinión.

                Rorden estaba de pie, inmóvil frente a la estatua, como


         si  la  contemplara  por  primera  vez  en  su  vida.  Después

         retrocedió  unos  pasos  y  se  puso  a  contemplar

         detenidamente las grandes losas del suelo.


                —¿Qué es lo que hace? —preguntó Alvin.

                —Emplear un poco de lógica y una gran cantidad de

         intuición —le replicó Rorden.

                El  Archivero  Mayor  se  negó  a  explicarse  con  mayor


         claridad y no añadió ni una sola palabra. Alvin continuó

         examinado  detenidamente  la  estatua.  Aún  seguía

         entregado a ello cuando oyó tras él un débil sonido que le

         llamó  la  atención.  Rorden  estaba  sonriendo  levemente


         mientras se hundía lentamente en el suelo. Y su sonrisa se

         convirtió  en  risa  al  ver  la  expresión  de  asombro  del

         muchacho.


                —Me  parece  que  sé  cómo  hacerlo  —dijo,  mientras

         desaparecía—, pero si no vuelvo inmediatamente tendrás

         que sacarme con un polarizador de gravedad. No creo que

         sea necesario.


                Las últimas palabras sonaron graves, alteradas por el

         eco. Alvin, cerca del agujero rectangular que dejaba tras sí

         el hundimiento de una de las losas, se dio cuenta de que su

         amigo  se  hallaba  a  muchos  metros  por  debajo  de  la


         superficie. Mientras observaba, vio como Rorden se hundía




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