Page 154 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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más y más en el suelo hasta transformarse, por la distancia,
en una pequeña mancha que no delataba en absoluto la
forma de una silueta humana. Después, para alivio de
Alvin, el amplio rectángulo luminoso comenzó a
aproximarse y, de improviso, Rorden estuvo de nuevo a su
lado.
Por unos instantes reinó un profundo silencio.
Seguidamente, Rorden, sonriente, comenzó a hablar.
—La lógica —dijo— puede obrar maravillas si tiene
algo en qué basar su trabajo. Esta edificación es tan simple
que no puede ocultar nada y, consecuentemente, el único
camino de salida tenía que estar a través del suelo. Pensé
que, de ser así, tenía que estar señalado de algún modo, así
que examiné con atención las piedras que lo pavimentan
hasta encontrar alguna ligeramente distinta de las demás.
Alvin se inclinó y observó el suelo.
—¡Pero si es exactamente idéntica a las otras! —
protestó, refiriéndose a la losa que se había hundido,
llevándose el cuerpo del Archivero a las profundidades de
la tierra.
Rorden puso sus manos sobre los hombros del joven y
lo giró hasta hacer que se quedase mirando de frente a la
estatua. Por un momento Alvin la contempló con
intensidad. Después movió lentamente la cabeza con aire
de comprensión.
—¡Ya lo veo…! —murmuró—. ¡Conque ése es el
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