Page 160 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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unirse a él.

                Más abajo estaba la otra mitad del mapa gigantesco con

         sus  débiles  redes  radiando  hacia  los  puntos  cardinales.


         Pero en este mapa no todo estaba tan debilitado como para

         no poder ser visto con claridad, pues una de las líneas, y

         sólo una, estaba brillantemente iluminada. Parecía no tener


         conexión  con  el  resto  del  sistema  y  señalaba,  como  una

         flecha  resplandeciente,  hacia  uno  de  los  túneles

         descendentes. Cerca de su fin, la línea cruzaba un círculo

         de luz dorada y, cerca del círculo, se podía leer una sola


         palabra: «LYS». Eso era todo.

                Durante  un  buen  rato  Alvin  y  Rorden  se  quedaron

         mirando hacia abajo, hacia aquel símbolo silencioso. Para

         Rorden  aquello  no  significaba  nada  más  que  una  nueva


         pregunta que presentar a sus máquinas de datos, pero para

         Alvin era una promesa sin fronteras. Trató de imaginarse

         aquella  gran  cámara  como  debió  ser  en  los  viejos  días


         pasados, cuando se terminó el transporte aéreo entre las

         ciudades  del  mundo  y,  sin  embargo,  éstas  continuaron

         comerciando  y  comunicándose  entre  sí.  Pensó  en  los

         incontables  millones  de  años  que  habían  transcurrido


         mientras el tráfico siguió todavía funcionando, siempre en

         continuo  descenso,  y  las  luces  del  gran  mapa  se  fueron

         apagando una tras otra, hasta que sólo quedó una única,

         ésta.  Se  preguntó  cuánto  tiempo  llevaba  brillando  allí,  a


         solas,  entre  sus  otras  compañeras  apagadas,  esperando




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