Page 165 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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esperando en una cámara semejante a aquélla.

                —Bien  —dijo  Rorden  con  tono  un  tanto  inseguro—.

         ¿Estás listo?


                Alvin asintió.

                —Me  gustaría  que  viniera  conmigo  —dijo  el

         muchacho, pero rápidamente se arrepintió de ello al ver la


         inquietud que se reflejaba en el rostro de su amigo. Rorden

         se  había  convertido  en  el  amigo  más  íntimo  que  jamás

         tuviera,  pero  no  podría  romper  jamás  la  barrera  que

         rodeaba a todos los de su raza.


                —Estaré  de  regreso  dentro  de  seis  horas —prometió

         Alvin, hablando con cierta dificultad, pues un misterioso

         temblor  conmovía  su  garganta—.  No  se  moleste  en

         esperarme. Si regreso antes de lo convenido le llamaré. Por


         aquí debe haber algún comunicador.

                Todo  aquello  resultaba  normal,  lógico,  se  estaba

         diciendo Alvin a sí mismo. Pero no pudo menos que dar un


         salto  de  entusiasmo  cuando  una  de  las  paredes  de  la

         máquina  se  abrió  y  todo  su  interior,  magníficamente

         diseñado, pleno de belleza, quedó por completo ante sus

         ojos.


                Rorden estaba hablando con rapidez y emoción.

                —No tendrás la menor dificultad en el manejo de la

         máquina  —le  explicó—.  ¿Te  has  dado  cuenta  de  que

         obedece a los pensamientos de mi mente? Entraré y daré


         un vistazo para ver si el tiempo del viaje está determinado.




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