Page 164 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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el familiar tirón del campo peristáltico y seguidamente se
vieron arrastrados sin esfuerzo alguno a las
profundidades. El viaje duró apenas medio minuto y
cuando terminó se hallaron en uno de los extremos de un
recinto estrecho y largo en forma de semicilindro. En el otro
extremo, dos túneles débilmente iluminados se
adelantaban hacia el infinito.
Los hombres de la mayor parte de las civilizaciones
que habían existido desde el Alborear, hubieran
encontrado aquel lugar completamente familiar. Pero para
Alvin y Rorden era como una visión de otro mundo. El
propósito de la larga máquina estilizada y aerodinámica,
semejante a un proyectil dispuesto a ser lanzado, que se
hallaba al otro extremo del túnel, resultaba obvio, pero no
por ello dejaba de ser una extrema novedad para ellos. Su
parte superior era transparente y, mirando a través de sus
paredes, Alvin pudo ver unas filas de asientos cómodos y
lujosos. No había nada que señalara dónde se encontraba
la entrada, y la máquina sencillamente flotaba como a unos
treinta centímetros de distancia del simple raíl de metal que
se perdía en la distancia, desapareciendo en uno de los
túneles. A pocos metros, otro raíl conducía a otro de los
túneles pero no había aparato alguno flotando sobre él.
Alvin estaba convencido, como si se lo hubiera dicho
alguien de cuya palabra no podía dudar, que en algún
lugar desconocido, lejos de Lys, la segunda máquina estaba
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