Page 182 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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conocerla hasta ahora: me encontraba solo.

                —¿Solo? ¿En Diaspar?

                —Sí —dijo Alvin—. Yo he sido el único niño que ha


         nacido allí en los últimos siete mil años.

                Aquellos  ojos  maravillosos  seguían  fijos  en  él  y

         parecían explorar lo más profundo de sus pensamientos.


         Alvin llegó a la conclusión de que Seranis podía leer en su

         mente. Y cuando tuvo ese pensamiento se dio cuenta de

         que  en  el  rostro  de  Seranis  hubo  una  momentánea

         expresión  de  sorpresa…  por  lo  que  advirtió  que  su


         suposición  había  sido  acertada.  Antaño,  en  tiempos

         pretéritos, las máquinas y los hombres tuvieron ese poder

         y todavía las máquinas, que no habían cambiado en todo

         ese tiempo, seguían disfrutando de ese poder de leer las


         órdenes de sus dueños. Pero en Diaspar, el Hombre había

         perdido ese don que había dado a sus esclavos mecánicos.

                Con  extraordinaria  rapidez,  Seranis  interrumpió  sus


         pensamientos.

                —Si lo que andas buscando es otro tipo de vida —le

         dijo— tus investigaciones han llegado a su fin. Aparte de

         Diaspar  y  nosotros,  más  allá  de  nuestras  montañas  sólo


         existe el desierto.

                Resultó  extraño  que  Alvin,  que  con  anterioridad

         siempre  había  puesto  en  tela  de  juicio  expresiones  tan

         concretas expuestas por otros, en esta ocasión no tuvo la


         menor duda de que las palabras de Seranis respondían a la




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