Page 179 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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circular pendía un estandarte verde que se mecía al viento.
Todos, con la excepción de Gerane, se echaron a un
lado y se colocaron detrás de él cuando entraron en el
edificio. En el interior reinaba un gran silencio y la
temperatura era fresca y agradable. Los rayos penetraban
suavizados por las paredes translúcidas y lo iluminaban
todo con un resplandor delicado y tranquilizador. En las
paredes, artistas de gran habilidad y poder creativo habían
representado escenas de la vida en el bosque. Mezclados
con éstos, había otros murales que representaban cosas que
no decían nada a la mente de Alvin, pero que resultaban
armónicas y agradables a la vista. Embutido en una de las
paredes había algo que no había esperado encontrar allí ni
por lo más remoto: un receptor visiofónico, de gran belleza,
cuya pantalla conformaba un laberinto de brillantes
colores.
Subieron una corta escalera de caracol que les condujo
al piso principal del edificio. Desde ese punto se ofrecía a
la vista la panorámica de todo el pueblo y Alvin se dio
cuenta de que estaba formado por unas cien casas. En la
distancia, los árboles se extendían por doquier y entre ellos
circulaban arroyuelos anchos y límpidos. Pudo ver algunos
animales en el bosque, pero su conocimiento de zoología y
biología era demasiado superficial como para poder
adivinar su naturaleza.
En la penumbra de la torre había dos personas
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