Page 177 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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en sus venas. Por un instante pasó por su mente la memoria
de todos los encuentros transcendentales del hombre con
otras razas. Y se detuvo a poca distancia del grupo que
acudía a recibirle.
Sus componentes parecían sorprendidos de verlo, pero
no tanto como él había esperado. Rápidamente
comprendió la razón. El que parecía el jefe del grupo le
tendió la mano con ese gesto anticuado de amistad.
—Decidimos que era mejor que le esperásemos aquí —
dijo—. Nuestro hogar es muy distinto a Diaspar y el
camino desde la estación de llegada hasta aquí ofrece a
nuestros visitantes la oportunidad de que se… aclimaten.
Alvin aceptó la mano abierta que se le ofrecía y, por un
instante, estuvo demasiado atónito y sorprendido como
para responder.
—¿Sabían ustedes mi llegada? —pudo preguntar con
tono vacilante al cabo de unos instantes.
—Siempre nos enteramos cuando el transportador se
pone en movimiento. Pero no esperábamos a una persona
tan joven como usted. ¿Cómo descubrió el camino?
—Creo que es mejor que contengamos de momento
nuestra curiosidad, Gerane —dijo otro de los componentes
del grupo—. Seranis está esperando.
El nombre de «Seranis» fue precedido de una palabra
que a Alvin le resultaba desconocida. En cierto modo
parecía contener una expresión de respeto suavizado por el
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