Page 193 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Rorden sentía que los acontecimientos se precipitaban y lo
arrastraban hacia una situación crítica que escapaba por
completo a su control.
—Realmente, ¿es todo eso necesario? —preguntó
Alvin—. Vamos a estar fuera sólo dos o tres días y al fin y
al cabo llevamos un sintetizador con nosotros.
—Probablemente no —respondió Theon colocando el
último contenedor de alimentos en su pequeño vehículo
terrestre—. Me parece que se trata de una antigua
costumbre, pero lo cierto es que jamás hemos sintetizado
algunos de nuestros mejores alimentos… Nos gusta verlos
crecer. Es posible que nos encontremos con otros
excursionistas y es un deber de cortesía intercambiar con
ellos nuestra comida. Casi cada uno de los distritos tiene
sus alimentos especiales, típicos, y Airlee es famoso por sus
melocotones. Ésa es la razón por la que he puesto tantos a
bordo… ni siquiera tú podrías comértelos todos.
Alvin le tiró su melocotón a medio comer a Theon, que
se echó a un lado para esquivarlo. Los chicos se habían
hecho amigos y bromeaban entre ellos.
En ésos momentos se produjo una especie de
iridiscencia y un agitar de alas invisibles cuando Krif
descendió y se posó sobre la fruta caída para sorber su jugo.
Alvin no acababa de acostumbrarse a Krif. Le costaba
trabajo comprender que el gran insecto, aunque solía
acudir cuando se le llamaba y, en ocasiones, hasta obedecía
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