Page 194 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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algunas órdenes sencillas, estaba casi completamente
desprovisto de inteligencia. Hasta esos momentos, para
Alvin, vida había sido siempre sinónimo de inteligencia, en
ocasiones incluso una inteligencia más elevada que la del
Hombre. Por eso no comprendía la existencia de aquel gran
insecto.
Cuando Krif estaba posado, descansando, sus seis alas
ligeras y transparentes, se quedaban dobladas, pegadas a
su cuerpo largo que brillaba a través de ellas como una
joya. Se trataba del insecto más bello y más desarrollado
que el mundo jamás había conocido, quizá la última de las
criaturas que el hombre había elegido como animal
doméstico, como compañía.
El país de Lys se hallaba lleno de sorpresas y Alvin lo
estaba comprobando por propia experiencia. También su
sistema de transporte, un tanto simple y sencillo, pero no
por ello menos eficiente, le había sorprendido. El vehículo‐
tierra, por lo que pudo apreciar, trabajaba de acuerdo con
el mismo principio que la gran máquina que lo había
llevado desde el subsuelo de Diaspar hasta allí, pues
flotaba sobre el suelo a unos cuantos centímetros. La única
diferencia notable era que en este caso no se veían rieles
guías. Theon le había dicho que el vehículo sólo podía
marchar por determinados trayectos o vías. Así, todos los
centros de población se hallaban enlazados, pero las partes
más alejadas del país sólo podían ser alcanzadas a pie. Este
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