Page 197 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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explicó Theon con entusiasmo, mientras sacaba el equipo

         del vehículo—. No podemos seguir viajando en el coche.

                Mientras se complicaba con las correas y mochilas que


         lo convertirían en una bestia de carga, Alvin miró vacilante

         la gran masa rocosa que se alzaba ante él.

                —Tenemos que dar una gran vuelta para rodearla, ¿no


         es así? —le preguntó a su amigo.

                —No  vamos  a  rodearla  sino  a  escalarla  —replicó

         Theon—. Y quiero que estemos en la cima antes de que se

         haga de noche.


                Alvin  no  dijo  nada.  Pero  en  realidad,  desde  que  se

         detuvieron a sus pies, siempre pensó, con temor, que ésta

         fuera la intención de su amigo.

                —Desde aquí —dijo Theon, alzando la voz para que su


         compañero  pudiera  oírle  por  encima  del  ruido  de  la

         cascada— puedes ver la totalidad del país de Lys.

                Alvin no tuvo la menor dificultad en creerlo. Hacia el


         Norte  se  extendían  kilómetros  y  kilómetros  de  bosque,

         interrumpido de vez en cuando por calveros y campos de

         cultivo y el curso de cientos de ríos y arroyos. Oculto en

         alguna parte de ese magnífico paisaje debía estar Airlee.


         Alvin  se  jactó  de  que  podía  divisar  en  la  lejanía  el

         resplandor del gran lago, pero acabó por convencerse de

         que sus ojos le habían traicionado. Mucho más; al Norte,

         los  bosques  y  los  campos  se  fundían  formando  un


         inconmensurable tapiz verde, interrumpido sólo de vez en




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