Page 225 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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haber sido interrogadas, ¿no es así? Si vinieron a la Tierra

         con el Maestro, sin duda deben conocer sus secretos.

                El anciano sonrió débilmente.


                —Sí,  las  máquinas  conocen  el  secreto  —dijo—,  pero

         jamás hablarán. El Maestro se cuidó de ello antes de ceder

         su  control.  Nosotros  hemos  intentado  en  innumerables


         ocasiones hacerlas hablar, pero sin resultado alguno.

                Alvin  lo  comprendía.  Pensó  en  los  Asociadores  de

         Diaspar  y  los  límites  que  Alaine  había  puesto  a  la

         comunicación  de  sus  conocimientos.  Esos  límites,  esas


         barreras, sabía que podían ser saltados con el tiempo y eso

         que  el  Maestro  Asociador  era  un  aparato  mucho  más

         complejo  que  esos  tres  pequeños  robots  esclavos.  Se

         preguntó  si  Rorden,  tan  diestro  en  penetrar  en  los  más


         oscuros secretos del pasado podría estar en condiciones de

         interrogar  con  éxito  a  las  máquinas  de  Shalmirane  y

         sacarles sus conocimientos ocultos. Pero la prueba no podía


         ser  hecha  pues  Rorden  estaba  lejos,  muy  lejos,  y  nunca

         abandonaría Diaspar.

                De manera repentina se le ocurrió un plan de acción.

         Sólo una persona muy joven pudo haber pensado en ello


         pues el asunto requería al máximo toda la autoconfianza de

         Alvin.  Pero  una  vez  que  tomó  la  decisión  se  movió  con

         determinación hacia la consecución de la meta prevista.

                Señaló a las tres máquinas.


                —¿Son las tres idénticas? —preguntó—. Quiero decir,




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