Page 237 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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servirá de nada: mi mente es muchísimo más poderosa que
la tuya». Y Alvin estaba convencido de que eso era de todo
punto cierto.
Estaban ya en un lugar desprovisto de casas cuando
Alvin se detuvo y se volvió a su amigo:
—Adiós, Theon —le dijo manteniendo su mano entre
las suyas—. ¡Gracias por todo lo que has hecho por mí! Un
día regresaré, no lo olvides.
Seranis se había detenido y lo contemplaba
intensamente. Le sonrió Alvin mientras le devolvía la
mirada y se hacía cargo de los seis o siete metros de
distancia que había entre ellos.
—Ya sé que está usted haciendo esto contra su
voluntad —le dijo— y no se lo reprocho. Tampoco me
gusta a mí lo que voy a tener que hacer.
«Esto no es cierto», pensó. Realmente estaba
comenzando a divertirse con sus planes de fuga. Dirigió
una mirada en torno suyo y vio que no venía nadie. Y
Seranis no se había movido sino que seguía mirándolo,
posiblemente tratando de poder penetrar en su mente.
Alvin continuó hablando rápidamente para evitar que su
cerebro pensara ni por un solo instante en el plan que iba a
intentar.
—No creo que obre usted justamente —dijo, tan sin
darse cuenta de su arrogancia intelectual que Seranis no
pudo disimular una sonrisa—. Es injusto para con Diaspar
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