Page 240 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Al parecer, Seranis también lo entendió de este modo,

         pues  las  fuerzas  en  el  interior  de  su  cerebro  dejaron  de

         luchar entre sí.


                De nuevo se sintió tranquilo, en paz, libre, como debió

         sentirse eras y milenios antes aquel marino que se ató al

         mástil  de  su  velero  para  poder  pasar  sobre  el  mar


         enrojecido y oscuro, sin prestar oídos a los cantos de las

         sirenas que trataban de atraerlo con su voz y sus encantos

         a los arrecifes traidores que serían su muerte.



























































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