Page 316 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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planeta giraba en torno suyo y su superficie emergía
majestuosamente como si quisiera salir a su encuentro.
Pronto estuvieron en condiciones de ver los edificios,
pequeñas incrustaciones blancas que se extendían por
doquier con excepción de los lechos secos de los océanos.
Antaño, quién sabe cuántos millones de años antes, ese
mundo había sido el centro del Universo. Ahora estaba
quieto el aire vacío y sin ninguna de esas señales clásicas
de vida en su superficie. El navío espacial se deslizó sobre
un seco mar pétreo.
Finalmente la nave se detuvo como si el robot hubiera
podido localizar, finalmente, la fuente de su memoria. Bajo
ellos había una columna de piedra blanca como la nieve
que se alzaba en el centro de un anfiteatro marmóreo. Alvin
esperó un poco y después de que la máquina se quedó
inmóvil la dirigió para que se posara a los pies de la
columna.
Hasta entonces Alvin había confiado en encontrar vida
en ese planeta. Pero su esperanza se desvaneció de
inmediato tan pronto salió de la nave. Nunca en su vida, ni
siquiera la tremenda desolación de Shalmirane, le había
envuelto en un silencio tan extremado y sobrecogedor. En
la Tierra siempre había rumores de voces, el vibrar de las
criaturas vivas o el silbar del viento. Allí no existía ninguno
de esos ruidos ni los volvería a haber jamás.
No podían saber las razones por las cuales su aparato
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