Page 312 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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15. VANAMONDE
Esperaron, pues, sumidos en sus propios sueños,
mientras hora tras hora, los Siete Soles se iban acercando
hasta llegar a llenar el extraño túnel de noche y oscuridad
por el que viajaba el navío espacial. Después, una tras otra,
las seis estrellas exteriores desaparecieron al borde de la
oscuridad y sólo siguió visible el brillante Sol Central. Aun
cuando no podía estar completamente contenido en el
espacio seguía brillando con la luz nacarada que le hacía
tan distinto de las demás estrellas. Minuto a minuto crecía
su luminosidad hasta que dejó de ser un punto para
convertirse en un pequeño disco. Y ahora el disco
comenzaba a aumentar de tamaño.
Se produjo una advertencia, una alarma inesperada.
Por un momento una nota grave, semejante a una
campanada, vibró en la cabina. Alvin se aferró al brazo de
su sillón aunque sabía que se trataba sólo de un gesto inútil
e injustificado.
Una vez más los grandes generadores entraron en
acción y, al mismo tiempo, de manera tan fuerte e
inesperada que casi los cegó, las estrellas reaparecieron. El
navío espacial volvía al espacio, de regreso al Universo de
soles y planetas, al mundo natural donde nada puede
moverse a velocidad mayor que la de la luz.
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