Page 123 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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se había extendido por aquellas inmensas cámaras, y


           no  había  un  lugar  fijo  para  una  actividad


           determinada. Si los Morlocks querían utilizar un área


           de  trabajo  —o  liberarla  para  otra  actividad—  los


           aparatos necesarios podían ser invocados del Suelo,


           o  devueltos  a  él.  De  tal  forma,  más  que  ciudades,


           había nodos de población de mayor densidad; nodos



           que fluían y migraban según fuese necesario.


           Después de dormir abandoné el refugio y me senté


           con las piernas cruzadas en el Suelo, bebiendo agua.


           Nebogipfel permaneció de pie, sin fatiga aparente. Vi


           que  se  nos  acercaba  una  pareja  de  Morlocks,  cuya


           visión  me  hizo  tragar  un  sorbo  de  agua  con


           demasiada rapidez; tosí y gotas de agua me mojaron



           la chaqueta y los pantalones.


           Supongo  que  aquel  par  eran  realmente  Morlocks,


           aunque  completamente  diferentes  a  cualquier


           Morlock  que  hubiese  visto  antes.  Nebogipfel  tenía


           algo menos de cinco pies de alto, pero aquellos eran


           como caricaturas, ¡de una altura de quizá doce pies!


           Una de las altas criaturas me vio y se dirigió a mí con


           rapidez, haciendo sonar el entablillado de metal de


           sus  piernas  al  caminar;  pasó  por  encima  de  las



           divisiones como si fuese una enorme gacela.


           Se inclinó para mirarme. Sus ojos rojo grisáceo eran


           tan grandes como platos soperos y me acobardé ante


           su presencia. De olor penetrante, como a almendras


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