Page 121 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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en el Suelo. Emergió algo así como un refugio; tenía
unos cuatro pies de alto, no más que un techo sobre
cuatro pilares gruesos: como una mesa quizá. Bajo la
mesa aparecieron mantas y comida. Me metí en la
choza agradecido —era el primer lugar cerrado
desde mi llegada a la Esfera— y reconocí la
consideración de Nebogipfel al proveérmela. Comí la
sustancia verde con agua, y me quité las gafas. Quedé
inmerso en la oscuridad sin fin del mundo de los
Morlocks, y pude dormir con la cabeza sobre la
chaqueta enrollada.
Aquel pequeño refugio fue mi hogar durante los días
siguientes, mientras continuaba mi recorrido por la
ciudad—cámara de los Morlocks con Nebogipfel.
Cada vez que me levantaba, Nebogipfel hacía que el
Suelo absorbiese nuevamente el refugio, y lo
invocaba nuevamente en cada lugar donde
parábamos; ¡no teníamos que llevar equipaje! Ya
sabía que los Morlocks no dormían, y creo que mis
actividades en la choza fueron la fuente de mucha
fascinación por parte de los nativos de la Esfera —
supongo que de la misma forma que las de un
orangután atrapan el ojo de un hombre civilizado—,
e intentaban rodearme mientras dormía, acercando
sus caras redondas. Me habría sido imposible
descansar si Nebogipfel no hubiese permanecido a
mi lado para evitar tales visitas.
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