Page 124 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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quemadas, tenía los brazos largos y de aspecto frágil,


           y la piel aparecía como tensada sobre el esqueleto:


           pude  apreciar,  bastante  bien  a  través  de  la  piel,  el


           perfil  de  una  tibia  de  no  menos  de  cuatro  pies  de


           largo.  Tenía  en  las  piernas  entablillados  de  algún


           metal  blando,  evidentemente,  para  ayudarle  a


           soportar  los  saltos.  Esa  bestia  atenuada  no  parecía



           tener más folículos que un Morlock medio, así que su


           pelo  se  repartía  sobre  la  piel  de  una  forma  muy


           desagradable.


           Intercambió  unas  pocas  sílabas  líquidas  con


           Nebogipfel,  luego  se  reunió  con  su  compañero  y


           ambos  —volviendo  la  vista  hacia  mí  en  muchas


           ocasiones— siguieron su camino.



           Sorprendido,  me  volví  a  Nebogipfel;  incluso  él


           parecía un oasis de normalidad después de aquella


           visión.


           Nebogipfel dijo:


           —Son... —una palabra líquida que no podría repetir


           —  de  las  latitudes  altas.  —Volvió  la  vista  hacia


           nuestros  visitantes—.  Puede  apreciar  que  no  están


           preparados  para  estas  regiones  ecuatoriales.


           Necesitan tablillas para caminar, y...



           —No lo entiendo en absoluto —interrumpí—. ¿Qué


           tienen de diferente las latitudes altas?


           —La gravedad —me dijo.






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