Page 166 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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arcos de vapor blanco atravesando su cielo; y me
pregunté si empleaban algún arma aérea. Y allá
encontré un mundo devastado por los efectos de la
guerra, los continentes
quemados y estériles, con los límites de las ciudades
apenas visibles a través de la acumulación de nubes
negras.
¡Me pregunté cuántas de aquellas alegrías habrían
visitado mi propia Tierra después de mi partida!
Después de varios días, me acostumbré a no llevar las
gafas durante largos periodos. Comencé a encontrar
aquel cielo pintado por completo por la guerra
insoportablemente opresivo.
Algunos hombres de mi tiempo habían defendido la
guerra, la hubiesen recibido, creo, como, por ejemplo,
una válvula de escape de la tensión entre las grandes
potencias. Los hombres consideraban la guerra —¡al
menos, la siguiente!— como una gran limpieza y
sería la última guerra que se tendría que luchar. Pero
ahora podía ver que no había sido así: los hombres
hacían la guerra por la herencia de la bestia en su
interior, y cualquier justificación no era sino una
simple racionalización dada por nuestros enormes
cerebros.
Me imaginé cómo sería si Gran Bretaña y Alemania
fuesen trasladadas de alguna forma a aquel cielo
rocoso, como dos manchas más de color. Pensé en
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