Page 175 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Así se desató mi imaginación hasta que Nebogipfel
vino a buscarme, ya definitivamente, al Interior.
Al entrar en la oscuridad de los Morlocks permanecí
con la cabeza hacia arriba mirando la luz solar que se
alejaba; y, justo antes de ponerme las gafas, ¡me
prometí que la próxima vez que sintiese el calor de la
estrella del hombre sería en mi propio siglo!
Supongo que esperaba que me llevase al equivalente
Morlock de un puerto, con grandes yates espaciales
de ébano anclados contra la Esfera como barcos de
línea contra un muelle.
Bien, no fue así; Nebogipfel me escoltó —a una
distancia de no más de unas pocas millas, vía Suelo
rodante— a un área sin artefactos, ni divisiones y sin
Morlocks, pero también bastante normal. En medio
de aquella área había una cámara pequeña, una caja
de paredes transparentes un poco más alta que yo —
como un ascensor— que estaba apoyada sobre el
Suelo estrellado.
A un gesto de Nebogipfel, me metí en el
compartimiento. Nebogipfel me siguió, y tras
nosotros se selló con un silbido la puerta diafragma.
El compartimiento era más o menos rectangular, y las
esquinas y bordes redondeados le daban el aspecto
de una losange. No tenía muebles; había, sin
embargo, barras verticales colocadas a intervalos
alrededor de la cabina.
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