Page 180 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 180

¡Pero era cierto! Después del lanzamiento, la cápsula


           viajaba  por  el  espacio  con  la  inteligencia  de  una


           piedra:  la  cápsula  recorría  el  espacio  tan  indefensa


           como la bala de cañón de Verne.


           Al protestar por la estupidez de aquel diseño, tuve la


           impresión de que el Morlock estaba sorprendido —


           como  si  estuviese  debatiendo  un  punto  de  moral



           dudoso  con  un  vicario  aparentemente  de  mente


           abierta—y lo dejé.


           La  cápsula  giró  con  lentitud,  haciendo  que  las


           remotas  estrellas  y  la  inmensa  pared  de  la  Esfera


           girasen a nuestro alrededor; creo que sin esa rotación


           quizás hubiese sido capaz de imaginarme seguro en


           alguna  noche  de  desierto;  pero  el  giro  me  hacía



           imposible olvidar que estaba en una frágil caja que


           caía  sin  soporte  ni  medio  de  propulsión.  ¡Pasé  las


           primeras horas en la cápsula paralizado por el miedo!


           No  podía  acostumbrarme  a  la  transparencia  de  las


           paredes  ni  a  la  idea  de  que,  una  vez  lanzados,  no


           pudiésemos variar la trayectoria. El viaje parecía una


           pesadilla:  una  caída  infinita  por  la  oscuridad  y  sin


           medios de ajustar la situación para salvarme. Y ahí


           tienen, en un detalle, la diferencia fundamental entre



           la mente de los Morlocks y la de los humanos. ¿Qué


           hombre confiaría su vida a un viaje balístico a través


           del espacio interplanetario sin medio para alterar su


           curso?  Pero  ésos  eran  los  modos  de  los  nuevos


                                                                                                             180
   175   176   177   178   179   180   181   182   183   184   185