Page 187 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—Seguí viajando —le dije a Nebogipfel—, en saltos
de mil años. La multitud de crustáceos todavía se
arrastraba por entre los líquenes y las rocas. El Sol se
hacía mayor y más apagado.
»Mi última parada fue a treinta millones de años en
el futuro, cuando el Sol se había convertido en una
bóveda que oscurecía una gran parte del cielo.
Nevaba, una nieve dura y sin piedad. Temblé de frío
y tuve que poner las manos bajo los brazos. Las
cumbres de las colinas estaban nevadas, pálidas a la
luz de las estrellas, y grandes icebergs navegaban por
el mar eterno.
»Ya no había cangrejos, pero permanecía el verde
vivo de los líquenes. En un banco de arena creí ver un
objeto negro, que palpitaba como si estuviese vivo.
»Un eclipse, producido por el paso de uno de los
planetas interiores, hizo que una sombra cayese sobre
la Tierra. Nebogipfel, ¡allí se hubiese sentido a gusto!
Pero yo sentí terror, salí de la máquina para
recuperarme. Luego, cuando el primer arco del Sol
carmesí volvió a salir, vi que la cosa en el banco se
movía. Era una bola de carne, como una cabeza sin
cuerpo, de una yarda o más de diámetro, con dos
juegos de tentáculos que colgaban como dedos. Por
boca tenía un pico, y carecía de nariz. Sus ojos, dos,
enormes y oscuros, parecían humanos...
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