Page 188 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Y mientras describía la criatura a Nebogipfel, veía
con claridad las similitudes entre aquella cosa del
futuro y mi extraño acompañante durante mi reciente
viaje a través del tiempo, la criatura flotante
iluminada por una luz verdusca que había
denominado el Observador. Me callé. ¿Podría ser, me
pregunté, que el Observador no fuese más que una
visita del final de los tiempos?
—Por tanto —dije finalmente—, subí a la máquina
una vez más, tenía miedo de permanecer indefenso
en el frío, y volví a mi propio siglo.
Suspiré, los enormes ojos de Nebogipfel estaban fijos
en mí, y vi, en lo que tenían de humano, rastros de la
curiosidad y la maravilla que caracterizan a la
humanidad.
Poca relación parecen tener aquellos días en el
espacio con el resto de mi vida; en ocasiones el
tiempo que permanecí flotando en aquel
compartimiento es como una pausa momentánea,
más breve que un latido en el gran río de mi vida, y
otras veces me parece que pasé una eternidad en
aquella cápsula, deslizándome por entre los mundos.
Era como si se hubiese desenredado de mi vida, y
pudiese verla desde fuera, como si se tratase de una
novela incompleta. Yo era joven, trasteaba con mis
experimentos, aparatos y montones de plattnerita,
despreciaba las oportunidades de relacionarme,
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