Page 183 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—Sí. Finalmente, el día se extendía durante siglos. El


           Sol se había convertido en una cúpula que brillaba,


           inmensa y furiosa, con menos calor. En ocasiones, se


           incrementaba  su  luminosidad;  unos  espasmos  que


           recordaban su antiguo brillo. Pero siempre volvía a


           su hosco color carmesí.


           »Reduje mi marcha en el tiempo.



           »Cuando  me  detuve,  me  encontraba  en  un  paisaje


           que  podría  haber  sido  marciano.  El  enorme  Sol


           inmóvil colgaba del horizonte; y en la otra mitad del


           cielo  todavía  brillaban  las  estrellas.  Las  rocas


           esparcidas  por  la  tierra  eran  de  un  color  rojo


           virulento, pero estaban manchadas de verde intenso,


           como de líquenes, en todas sus caras que daban al



           oeste.


           »La máquina descansaba en una playa muy cerca de


           un  mar,  tan  quieto  que  podría  estar  cubierto  de


           vidrio.  El  aire  era  frío,  y  ligero;  me  sentí  como  si


           flotase sobre una gran montaña. Ya poco quedaba de


           la  topografía  del  valle  del  Támesis;  supuse  que  la


           mano de las glaciaciones y el lento ritmo de los mares


           debían haber eliminado todo rastro del paisaje que


           conocía, todos los rastros de la humanidad...



           Nebogipfel y yo flotábamos, suspendidos en el aire


           dentro  de  nuestra  caja  brillante,  y  le  susurraba  mi


           relato del futuro; en calma, redescubrí detalles que no


           había contado a mis amigos de Richmond.


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