Page 237 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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formando en esos momentos en aquella
mente fecunda e indisciplinada!
Tomó una decisión. Se apartó de la puerta.
Le hice un gesto a Nebogipfel. Los pies del
Morlock, sólo cubiertos por pelo, resonaron
en el parquet de la entrada. Mi joven yo lo
miró de nuevo, Nebogipfel le devolvió la
mirada con interés, y el joven dijo:
—Es... ah... es tarde. No quiero levantar a los
sirvientes. Vengan al comedor; seguramente
será el lugar más cálido.
El salón estaba a oscuras, tenía un friso
pintado y una hilera de colgadores para
sombreros; el cráneo amplio de nuestro
renuente anfitrión se recortaba a la luz de la
vela al guiarnos hasta allí. En el comedor
todavía había un brillo de carbones
encendidos en el hogar. Nuestro anfitrión
encendió las velas con la que llevaba, y la
habitación se llenó de claridad ya que allí
había una docena de velas o más: dos en
candelabros de bronce sobre el mantel, con
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