Page 238 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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un tarro de tabaco lleno y complaciente en


                  medio, y el resto en las paredes.


                  Miré aquella habitación cálida y acogedora,


                  ¡tan familiar y tan diferente por los distintos


                  arreglos y redecoraciones! La pequeña mesa


                  de  la  entrada  que  sostenía  una  pila  de


                  periódicos  —repletos,  sin  duda,  con  los



                  ominosos                 análisis              de         las         últimas


                  declaraciones  de  Disraeli,  o  quizá  con


                  terribles  asuntos  relativos  a  la  Cuestión


                  Oriental— y el sillón cerca del fuego, bajo y


                  confortable. Pero no había ni rastro de mi


                  juego  de  mesas  octogonales,  ni  de  mis


                  lámparas incandescentes con flores de plata.



                  Nuestro  anfitrión  se  acercó al  Morlock. Se


                  inclinó apoyando las manos en las rodillas.


                  —¿Qué es esto? Parece un mono, o un niño


                  deforme.  ¿Es  su  chaqueta  lo  que  lleva


                  puesto?


                  Me sorprendí ofendiéndome ante ese tono.


                  —«Eso»  es  «él».  Y  puede  hablar  por  sí


                  mismo.


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