Page 242 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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pude ver partes del taller: la acumulación de
aparatos, planos en el suelo, y varias
herramientas y útiles.
Nuestro anfitrión se reunió con nosotros;
traía, con torpeza, tres copas de brandy, y
una jarra. Nos sirvió generosamente, y el
líquido brilló bajo la luz de las velas.
—Tomen —dijo—. ¿Tienen frío? ¿Quieren
que encienda el fuego?
—No —dije—,gracias.
Levanté el brandy, lo olí y lo dejé correr por
la lengua.
Nebogipfel no cogió su vaso. Metió uno de
sus pálidos dedos en el líquido, lo sacó y
probó una gota. Pareció temblar. Entonces,
delicadamente, apartó el vaso, ¡como si
estuviese lleno hasta el borde del más
repugnante de los licores!
Mi anfitrión lo observó con curiosidad.
Entonces, con esfuerzo, se volvió hacia mí.
—Estoy en desventaja. No le conozco. Pero
parece que usted sí me conoce a mí.
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