Page 241 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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mostrado  a  unos  pocos  amigos.  El  diseño


                  todavía ni siquiera ha sido patentado...


                  No  respondí:  simplemente  aguanté  su


                  mirada durante largos segundos. Podía ver


                  que  la  extraordinaria  respuesta  a  esa


                  pregunta ya se formaba en su mente.


                  Apartó la vista.



                  —Siéntese  —me  dijo—.  Por  favor.  Iré  a


                  buscar el brandy.


                  Me senté —¡en mi propio comedor con un


                  Morlock por compañía!— y miré alrededor.


                  En una de las esquinas del comedor, en su


                  trípode, estaba el telescopio Gregoriano que


                  había traído de casa de mis padres.



                  Un artefacto simple, capaz de producir sólo


                  imágenes borrosas, y sin embargo, cuando


                  era niño, una ventana al mundo maravilloso


                  del cielo, y a la maravillas intrigantes de la


                  óptica física.


                  Y, más allá de aquella habitación, estaba el


                  oscuro  pasillo  hasta  el  laboratorio,  con las


                  puertas dejadas descuidadamente abiertas;


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