Page 452 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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con pequeñas máscaras antigás; estaba claro
que habían cerrado las escuelas. Los niños
vagaban por las calles llamando a sus
padres a gritos; pensé en la agonía de una
madre buscando a su hijo en el inmenso y
repleto hormiguero en que se había
convertido Londres, y me asusté.
Algunas personas cargaban con la
parafernalia de la jornada laboral —
portafolios y bolsos, familiares e inútiles— y
otros ya habían recogido sus pertenencias, y
las cargaban en maletas repletas o envueltas
en cortinas o sábanas. Vimos a un hombre
delgado e intenso que luchaba con un
aparador, lleno sin duda de objetos valiosos,
en precario equilibrio sobre una bicicleta. La
rueda de su bicicleta chocaba con piernas y
espaldas.
—¡Vamos! ¡Vamos! —les gritaba a los que
iban por delante de él.
No había signos de una autoridad a cargo de
todo. Si había policías o soldados
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