Page 454 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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de vidas en el suelo debían de ser muy
grandes.
En la distancia —creo que hacia el norte— oí
una secuencia de explosiones apagadas,
como las pisadas de un gigante. A nuestro
alrededor, el ulular de las sirenas y el
inmenso rugido de la Bóveda agrietada
rasgaban el aire.
Me imaginé mirando desde la Bóveda un
Londres transformado en momentos de una
ciudad temerosa pero en funcionamiento a
un cuenco de terror y caos. Toda carretera al
oeste, sur o norte, lejos de la grieta de la
Bóveda, debía de estar llena de un torrente
de refugiados, con cada punto del torrente
representando a un ser humano, una mota
de sufrimiento físico y miseria: cada uno un
niño abandonado, un esposo o padre solo.
Moses tuvo que gritar para hacerse oír sobre
la cacofonía de la calle.
—¡Esa maldita Bóveda se nos va a caer
encima en cualquier momento!
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