Page 647 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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prometer que nos mantendríamos a más de
una milla del centro; y para cuando
llegamos a la parte de la playa que, por lo
que suponíamos, estaba a una milla del
centro, el sol ya estaba en lo alto del cielo. Ya
nos encontrábamos bajo la sombra de la
nube ponzoñosa; y el brillo púrpura era tan
intenso que proyectaba ante mí una sombra
en la playa.
Nos lavamos los pies en el mar. Dejé
descansar las rodillas doloridas, y disfruté
del sol en la cara. Irónicamente, seguía
siendo un día hermoso, con el cielo
despejado y el mar bañado en luz. Observé
que la acción de la marea había reparado los
daños producidos en la playa por los
humanos el día antes: los bivalvos volvían a
esconderse en la arena, y vi una tortuga
correteando, tan cerca que casi podíamos to‐
carla.
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