Page 72 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tuviese  suerte,  pensé,  ¡y  pudiera  capturar  para


           maravilla de la humanidad la huida aterrorizada de


           un Morlock!


           ... Oía unos arañazos, suaves a insistentes, al lado del


           pozo, ni a tres pies de donde me encontraba.


           Grité  mientras  buscaba  el  atizador.  ¿Me  habían


           atacado los Morlocks mientras fantaseaba?



           Con el atizador en la mano, me adelanté con cuidado.


           Comprendí  que  el  sonido  chirriante  provenía  de


           entre  los  líquenes;  había  una  forma  que  se  movía


           segura por entre esas pequeñas plantas oscuras. No


           era un Morlock, así que bajé el atizador, y me incliné


           para examinar los líquenes. Vi un pequeña criatura


           como un cangrejo, no mayor que mi mano; el sonido



           que oía era el roce de su única y desmesurada boca


           contra los líquenes. La concha del cangrejo parecía


           ser negra y


           no tenía ojos, como si fuese una criatura ciega de las


           profundidades del océano.


           Comprendí, al ver aquel simple drama, que la lucha


           por  la  supervivencia  continuaba,  incluso  en  esa


           noche cerrada. Me sorprendió que no hubiese visto


           ningún  signo  de  vida  —exceptuando  a  los



           Morlocks—, aparte de ese pozo, en toda mi visita. No


           soy  biólogo,  pero  me  parecía  evidente  que  la


           presencia  de  una  fuente  de  calor  y  aire  húmedo


           debería atraer la vida, en aquel mundo convertido en


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