Page 67 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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nuevas. Era extraño pensar que esas espirales no
conocerían la furia de mi piedra hasta dentro de
muchos milenios o quizá nunca en absoluto.
Estaba decidido a alejarme de la máquina para
explorar. Pero la presencia de la esfinge me había
recordado el horror de dejar la Máquina del Tiempo
en manos de los Morlocks. Me palmeé el bolsillo —al
menos, sin las palancas la máquina no funcionaba—
pero no había nada que impidiese acercarse a
aquellas horribles bestias a la máquina tan pronto
como me alejase, quizá para desmontarla o robarla
nuevamente.
Por otra parte, ¿cómo iba a evitar perderme en aquel
paisaje oscuro? ¿Cómo podría volver a la máquina
una vez que me hubiese alejado aun unas pocas
yardas?
Medité el problema unos momentos: mi deseo por
explorar en lucha con mis temores. Y se me ocurrió
una idea. Abrí la mochila y saqué las velas y los
trozos de alcanfor. Con impaciencia coloqué esos
elementos en los recovecos de la Máquina del
Tiempo. Luego recorrí la máquina con cerillas
encendidas hasta que cada trozo o vela estaba
ardiendo.
Me aparté de mi obra con algo de orgullo. Las llamas
de las velas se reflejaban en el níquel y el cobre, por
lo que la Máquina del Tiempo parecía un adorno de
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