Page 77 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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roto. Por lo que sé, la cámara todavía esta allí —si se
me permite utilizar la frase—, abandonada en la
oscuridad.
A medida que me acercaba a la máquina, pude ver
que efectivamente eran Morlocks —quizás una
docena—, que brincaban alrededor de la máquina.
Parecían igualmente atraídos y repelidos por la luz,
exactamente igual que las polillas alrededor de las
velas. Eran las mismas criaturas simiescas que
recordaba —quizás un poco más pequeñas—,con el
largo pelo rubio en cara y espalda, la piel de un
blanco pastel, brazos largos como los de los monos y
fantasmagóricos ojos rojo grisáceo.
Se gritaban y hablaban unos a otros en su extraña
lengua. Comprobé con alivio que todavía no habían
tocado la Máquina del Tiempo, pero sabía que sólo
era cuestión de segundos que esos dedos grotescos —
de monos, pero inteligentes como los de un
hombre— se abalanzasen sobre el bronce y el níquel.
Pero no habría tiempo para eso, porque me lancé
sobre los Morlocks como un ángel vengador.
Blandí puño y atizador a mi alrededor. Los Morlocks
gimieron y gritaron al intentar huir. Agarré a una de
las criaturas que pasó a mi lado, y sentí una vez más
el frío tacto de la carne de Morlock. Su pelo, como tela
de araña, me rozaba la mano y el animal me mordió
los dedos con sus pequeños dientes, pero no lo solté.
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