Page 762 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Ahora, la imponente sombra de la criatura
montaña, desenfocada y ominosa, avanzó
aún más por mi cuerpo, hacia la cabeza.
¡Pronto estaría cubierto! Quería gritar, pero
no podía sentir ni la boca, ni los labios, ni el
cuello.
Nunca, en todos mis viajes, me he sentido
tan indefenso como en aquella ocasión. Me
sentí abierto, como una rana sobre una mesa
de disección.
En aquel momento final, sentí que algo se
movía sobre mi mano. Sentía en ella un frío
indefinido, un roce de pelos: era la mano de
Nebogipfel que sostenía la mía. Me
pregunté si estaba tendido a mi lado,
mientras se realizaba aquella horrorosa
vivisección. Traté de cerrar los dedos, pero
no podía mover ni un músculo.
La sombra piramidal me llegó a la cara, y el
amigable trozo de cielo quedó oscurecido.
Sentí agujas que se me clavaban en el cuello,
mejillas, barbilla y frente. Sentí un pinchazo
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