Page 921 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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simultáneamente! Era desorientador y muy


                  confuso.


                  Parecía  que  tenía  la  cabeza  y  el  estómago


                  paralizados, sin sentir nada. Podía ver, de


                  acuerdo;  pero  no  podía  sentir  nada  de  la


                  cara, del cuello, de la posición del cuerpo,


                  nada  exceptuando  un  toque  ligero  casi



                  fantasmal: los dedos de Nebogipfel todavía


                  alrededor de los míos. Eso me confortó en


                  cierta forma, ¡era bueno saber que al menos


                  él estaba allí conmigo!


                  Pensé que estaba muerto, pero recordé que


                  había pensado lo mismo antes, cuando fui


                  absorbido y reconstruido por el Constructor



                  Universal. No sabía lo que sería de mí ahora.


                  La  Nave  comenzó  a  elevarse  de  nuevo,


                  ahora mucho más rápidamente. El coche del


                  tiempo  y  la  torre  sobre  la  que  se  apoyaba


                  desaparecieron.  Me  elevé  una  milla,  dos


                  millas,  diez  millas  por  encima  de  la


                  superficie;  el  mapa  completo  de  aquel


                  Londres  disperso  apareció  debajo  de  mí,


                                                                                                   921
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