Page 922 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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visible a través de las chispas de la Nave del
Tiempo.
Seguíamos elevándonos—debíamos de
viajar más rápido que una bala de cañón—,
pero no oía las ráfagas del aire, no sentía el
viento en la cara: me sentía seguro, con esa
sensación infantil de ligereza que ya he
mencionado. El círculo del escenario de
debajo se hizo más ancho, y los detalles de
edificios y campos de hielo se difuminaron,
palidecieron y se hicieron indistinguibles.
Un cielo gris luminoso se mezclaba más y
más con el blanco frío del hielo. A medida
que el velo de atmósfera que me separaba
del espacio exterior se hacía más delgado, el
cielo nocturno, que había tenido un color
gris hierro, se llenó de tonos más profundos
y ricos.
Ahora estábamos a tanta altura que la
curvatura del planeta se manifestó —era
como si Londres fuese el punto más alto de
una inmensa colina— y podía distinguir la
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