Page 923 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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forma de la pobre Gran Bretaña, atrapada en


                  el mar helado.


                  Seguía sin tener manos ni pies, sin estómago


                  o boca. Me parecía que me habían separado


                  de pronto de la materia y veía las cosas con


                  cierta serenidad.


                  Y  seguíamos  subiendo  —sabía  que  ya



                  estábamos  muy  por  encima  de  la


                  atmósfera— y las planicies heladas mutaron


                  en el paisaje para convertirse en la superficie


                  de un mundo esférico que giraba, blanco y


                  sereno —y muy muerto—, por debajo de mí.


                  Más  allá  de  la  brillante  Tierra  había  más


                  Naves  del  Tiempo,  cientos  de  ellas,  veía



                  ahora,  grandes,  de  brillo  verde,  naves


                  lenticulares  de  millas  de  largo,  formando


                  una armada no definida que navegaba por


                  el espacio, y su luz se reflejaba en el hielo


                  arrugado que cubría la Tierra.


                  Oí que me llamaban: o mejor, no era oír, sino


                  una conciencia llegada por algún medio que






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