Page 684 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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ambos orbes se había incrementado tanto
que se transformaron en las bandas de luz
uniformes que ya he descrito, y el cielo
adoptó el gris acero que resultaba de la
mezcla de las noches y los días. A nuestro
alrededor, claramente visible desde nuestra
posición elevada, las capas de hielo de la
Tierra Blanca se extendían a lo lejos sobre el
horizonte, inalteradas ante el paso de los
años, mostrando sólo una superficie brillante
difuminada por la rapidez de nuestro paso.
Me hubiese gustado ver aquellos magníficos
veleros interestelares surcar el espacio; pero
la rotación de la Tierra me hacía imposible
distinguir las frágiles naves, y tan pronto
como comenzamos el viaje en el tiempo se
hicieron invisibles.
Segundos después de la partida —desde
nuestro punto de vista— el apartamento fue
demolido. Se desvaneció a nuestro alrededor
como el rocío, para dejar nuestra ampolla
transparente aislada en el techo de la torre.
Pensé en el extraño, pero cómodo, conjunto
de habitaciones —con el baño de vapor, el
ridículo papel pintado, la peculiar mesa de
billar y todo lo demás—; todo había quedado
fundido nuevamente en la informidad
general y el apartamento, no siendo ya
necesario, había sido reducido a un sueño:
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