Page 685 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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¡un recuerdo platónico en la imaginación de
metal de los Constructores Universales!
Sin embargo, nuestro paciente Constructor
no nos abandonó. Desde mi punto de vista
acelerado vi que parecía descansar allí, a
unas pocas yardas de nosotros —una
pirámide rechoncha, el movimiento de los
cilios difuminado por nuestro paso a través
del tiempo—, y entonces saltaba,
abruptamente, allá, para permanecer durante
unos pocos segundos, y así continuamente.
Como un segundo para nosotros duraba
siglos en el mundo más allá del coche del
tiempo, calculé que el Constructor
permanecía frente a nosotros, inmóvil,
durante miles de años en cada ocasión.
Se lo comenté a Nebogipfel.
—Imagínalo, ¡si puedes! Ser inmortal es una
cosa, pero estar tan dedicado a una sola
obra... Es como un caballero solitario que
preserva su Grial, mientras las eras históricas
y las breves preocupaciones de los hombres
vuelan a su lado.
Como ya he dicho, los edificios cercanos al
nuestro eran torres situadas a una distancia
de dos o tres millas por todo el valle del Tá‐
mesis. En las semanas que habíamos pasado
en el apartamento no había visto cambios en
las torres, ni siquiera una puerta que se
abriese. Sin embargo, ahora, gracias a la
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