Page 682 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 682
¡En ese momento —en un sorprendente
segundo mientras estábamos sentados en el
coche— las paredes del apartamento se hicie‐
ron, en silencio, de vidrio! A nuestro
alrededor, visibles a través de las paredes
trasparentes de la habitación, las terribles
planicies de la Tierra Blanca se extendían en
la distancia, teñidas de rojo por la puesta de
sol. Los cilios del Constructor —una vez más
a petición de Nebogipfel— habían
reestructurado el material de las paredes de
la cámara donde estaba el coche del tiempo.
Seguiríamos necesitando protección del
clima salvaje de la Tierra Blanca; pero
queríamos poder ver el mundo a medida que
avanzásemos.
Aunque la temperatura del aire permanecía
inalterada, sentí inmediatamente más frío;
temblé y me apreté el abrigo.
—Creo que estamos listos —dijo Nebogipfel.
—Listos —asentí—, menos por una cosa,
¡nuestra decisión! ¿Viajamos al futuro hasta
las Naves terminadas o...?
—Creo que la decisión te corresponde —dijo.
Pero había, quiero pensarlo, algo de simpatía
en su extraña expresión.
Los temores todavía permanecían en mi
interior, ¡ya que, exceptuando aquellas
primeras horas desesperadas cuando perdí a
Moses, nunca he sido un hombre que
682

