Page 784 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tiempo por encima de las inquietudes
terrenales.
Pero ahora, me parecía, ya había acabado con
eso. Había tenido perspectivas más que
suficientes de infinitos y eternidades; me
sentía impaciente y tenso. Era, y siempre lo
había sido, nada más que un hombre, y me
había sumergido por completo de nuevo en
las preocupaciones cotidianas de la
humanidad. Ahora sólo mis proyectos
personales llenaban mi mente.
Aparté la vista de las remotas estrellas
insondables y la dirigí al bosque que tenía
frente a mí. Y un suave resplandor rosa
comenzó a extenderse por el horizonte
sudoccidental. Me puse en pie y di unos
pasos de baile, tal era mi júbilo. ¡Era la
confirmación dé que después de todas mis
aventuras había terminado en el día correcto,
de entre todos los posibles días, en ese siglo
remoto! Porque el resplandor era el fuego del
bosque, un fuego que yo mismo había
empezado con descuidada despreocupación.
Luché por recordar qué había pasado a
continuación en aquella noche fatídica, la
secuencia exacta...
El fuego que había encendido era una cosa
nueva y maravillosa para Weena, y había
querido jugar con las llamas rojas; me vi
obligado a retenerla para que no se arrojase
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